PROMETO AMARTE Y RESPETARTE
⊆ 2:03 AM by Mario Álvarez | ESPACIO . | ˜ 20 visitantes han comentado »
Hoy no son mis palabras, son las palabras de Noelia Prieto González. Compañera y amiga de la JSC Baix Llobregat. Ella escribió este relato hace tres años, es curioso y a la vez triste que un relato antiguo continúe teniendo sentido y a la vez esté de actualidad. En la inauguración de la exposición “Hechos cotidianos” Noelia con voz entrecortada logró emocionarnos con un nudo en el estomago y otro en la garganta al leer este precioso texto que espero leas con el alma. >>
PROMETO AMARTE Y RESPETARTE
Miró hacia el suelo intentando ocultar sus lágrimas, luego despacio se levantó y abrió la puerta de la habitación, fue al servicio se lavó la cara y se puso maquillaje en el cuerpo. En la cara y en el corazón.
Ella estaba viva, pero muerta por dentro. Donde se mueren los sueños, donde nacen las emociones perdidas, donde las razones se pierden y bailan con el sonido del fin de las películas, donde atrasaba el tiempo treinta años y soñaba de nuevo con ese príncipe azul que nunca llegó. Allí donde la fe y un dios desconocido son los dueños de un corazón que llora en silencio. Las heridas que aun supuran. El sabor amargo del despertar.
Lentamente miró por el quicio de la puerta. Vio el pasillo había tres puertas abiertas y tres caras entristecidas esperaban a que su madre saliera de la habitación. Salió con una mueca en los labios parecida a una sonrisa, pero no dijo nada y siguió pasillo adelante hasta la cocina, pero el niño pequeño salió tras ella, la abrazó por detrás y un gesto de dolor en el rostro advirtió que todo había sido hacia ella. Pero ni una queja mas, se fue sin decir nada, fingiendo una sonrisa forzada, estirando el hilo del perdón.
Llegó a la cocina y sigilosa miró hacia el comedor. Allí estaba él viendo la televisión, como si nada una pasado.
Se quedó allí parada frente a la puerta y con la vista perdida veía una y otra vez unas imágenes que se sucedían y que se perdían. Una y otra vez los mismos golpes, y todos en diferentes situaciones. Entonces un frío infernal empezó a recorrerle el cuerpo, estremeciéndola hasta la desesperación. Tenía miedo, tanto, que su dulce sonrisa de antaño era una mueca en los labios, constante, hiriente y vacía.
A veces se imaginaba con sus hijos en un país distinto, lejano y libre. Pero entonces abría los ojos y de golpe, simplemente la realidad.
Tenía que pensar que iba a hacer con aquella vida que odiaba, no tenía nada sólo un piso pequeño y una cama que apenas tocaba, era mejor el suelo que su compañía y aunque le doliera sabía que nunca podría dejarle, era demasiado duro para ella, volver a empezar, pero ¿Qué haría? el valor no era su fuerte, pero y su vida ¿la amaba tan poco que seguiría allí? No debía, no era lo mejor.
Sufría, en silencio, nadie lo sabía, se hundía como un barco con miles de brechas imposibles de cerrar, y poco a poco el cascote se iba inundando, un golpe definitivo y se acabaría todo. Y no quería que llegara ese momento.
Entre sueños y dudas ella seguía allí de pie. En la cocina. En la esclavitud que él le había regalado, unos cuantos platos sucios y miedo, mucho miedo.
Levantó la mirada e hizo un amago de ir hacia el comedor y explicarle que lo que había hecho no estaba bien, que lo que debía hacer era controlar aquel mal genio. Sin embargo, se quedó paralizada cuando le vio venir hacia ella. Él no dijo otra cosa que ¿no está la cena? Y la miró asombrado por que ella estaba encogida en la puerta, llena de miedo, con la cabeza metida entre sus brazos, asustada, tan asustada que temblaba como una niña pequeña delante del animal más feroz.
Levantó la mirada y clavó sus ojos negros en él. Intentó decirle algo, como tantas otras veces que se quedaba en la cama con los ojos cerrados pero con el corazón dolido. Sin embargo volvió a agachar la cabeza y una vez más las palabras se quedaban danzando en el paladar, como si fuera la mecedora que el aire mueve con su furia.
Él, con su mirada inmóvil y aquél andar sacado de las películas del oeste, no dijo nada más y salió fuera, sin mirar siquiera a las tres caras entristecidas que observaban cada uno de los movimientos que hacía él, su padre, a veces un extraño y a veces nadie.
Salió hacia fuera con la extraña sensación de que entre aquellas cuatro paredes había dejado algo más que una mujer acongojada, había dejado también tres partes de su ser que no conocía, para ellos nada.
Cristina y Nerea continuaban en la puerta de la habitación, quietas, casi como estatuas, pilares de aquella casa que se caía con cada golpe de viento, testigos silenciosos de la muerte en vida, miradores de un futuro truncado. No sabían que hacer ni como actuar, la película en que debutaban había sobrepasado los límites de su realidad. Nunca decían nada, solo veían y callaban, solo viajaban con la mente. Observaron al niño pequeño que miraba hacia el final del pasillo con los ojitos brillantes y tristes. No sabía por que lloraba su mama, no comprendía lo que pasaba en aquella casa.
La puerta se cerró tras él y sin embargo en la casa no había más que silencio. Ella tenía miedo a que la vida dejara su nombre entre aquellas cuatro paredes, a que solo fuera un número más de aquella maldita cifra que aumentaba. No, ella no quería ser eso, ella no quería ser la protagonista de canciones que desgarran el corazón de quien las escucha, ella no quería ser una noticia, ella quería vivir.
Se levantó del suelo, se secó las lágrimas y observó las heridas que recorrían su cuerpo envejecido, mientras en su cabeza se agolpaban mil sensaciones y emociones. “Flashbacks” de un pasado que le habían robado. Miles de frases que escuchó y consejos que siguió. – él te quiere, pero ya sabes como es. -hija, ten fe, con la ayuda de Dios cambiará, pero esfuérzate en ser una buena esposa.
Las gemelas fueron a buscar a su madre, no sabían como la iban a encontrar, no sabían que debían decirle a aquella mujer que lloraba lágrimas de cristal en cada amanecer cuando despertaba en aquel sofá duro y mugriento, cuando veía a aquella pareja que sonreía feliz en las fotos… y quince años habían pasado.
Las niñas llevaban al pequeño Miguel entre sus brazos y fueron pasillo adelante sin que nada las separara de su objetivo: vivir
Como si fuera un aquelarre las tres mujeres se cogieron de las manos, mientras se abrazaban con fuerza. Pero no lloraron, no gritaron. No rezaron por que Dios hacía tiempo que había dejado de escuchar sus plegarias. No esperaron una ayuda que no iban a recibir, ni dejaron al destino o a Dios, una decisión que podía costarles la vida a ellas.
El pequeño estiró la falda de su madre, en sus ojos la niebla de la confusión y el brillo de la infancia.
La madre miró a las crías y las abrazó de nuevo. Sostenía una maleta vacía en sus brazos, de aquella casa no quería llevarse nada mas que la vida. Y tan solo una frase salió de sus labios –volvamos a empezar-
Salieron a la calle, todo el mundo las vio, todos vieron las lágrimas que recorrían el rostro descompuesto de aquella mujer y sin embargo nadie hizo nada, solo avisaron al hombre solitario que había al final de la barra. lloraba, maldecía, pero continuaba en aquél bar esperando la hora de la vuelta a casa.
Él las miró, pero no se dio cuenta de lo estaba pasando el alcohol se paseaban por su cuerpo haciendo de él un animal inútil, no sabía nada.
Ella se acercó a su marido y le entregó una carta, ofreciéndole la última mirada que vería nunca, la última vez que la vería a ella. Y ella subió al taxi sin esperar una mirad de él.
-con 74 mujeres muertas es suficiente para afrontar el problema, ella sobrevivirá. Dijo una voz a lo lejos.
Él abrió la carta, dentro un ADIÓS corrido por las lágrimas. Fuera, una mujer libre.
Noelia Prieto González
Miró hacia el suelo intentando ocultar sus lágrimas, luego despacio se levantó y abrió la puerta de la habitación, fue al servicio se lavó la cara y se puso maquillaje en el cuerpo. En la cara y en el corazón.
Ella estaba viva, pero muerta por dentro. Donde se mueren los sueños, donde nacen las emociones perdidas, donde las razones se pierden y bailan con el sonido del fin de las películas, donde atrasaba el tiempo treinta años y soñaba de nuevo con ese príncipe azul que nunca llegó. Allí donde la fe y un dios desconocido son los dueños de un corazón que llora en silencio. Las heridas que aun supuran. El sabor amargo del despertar.
Lentamente miró por el quicio de la puerta. Vio el pasillo había tres puertas abiertas y tres caras entristecidas esperaban a que su madre saliera de la habitación. Salió con una mueca en los labios parecida a una sonrisa, pero no dijo nada y siguió pasillo adelante hasta la cocina, pero el niño pequeño salió tras ella, la abrazó por detrás y un gesto de dolor en el rostro advirtió que todo había sido hacia ella. Pero ni una queja mas, se fue sin decir nada, fingiendo una sonrisa forzada, estirando el hilo del perdón.
Llegó a la cocina y sigilosa miró hacia el comedor. Allí estaba él viendo la televisión, como si nada una pasado.
Se quedó allí parada frente a la puerta y con la vista perdida veía una y otra vez unas imágenes que se sucedían y que se perdían. Una y otra vez los mismos golpes, y todos en diferentes situaciones. Entonces un frío infernal empezó a recorrerle el cuerpo, estremeciéndola hasta la desesperación. Tenía miedo, tanto, que su dulce sonrisa de antaño era una mueca en los labios, constante, hiriente y vacía.
A veces se imaginaba con sus hijos en un país distinto, lejano y libre. Pero entonces abría los ojos y de golpe, simplemente la realidad.
Tenía que pensar que iba a hacer con aquella vida que odiaba, no tenía nada sólo un piso pequeño y una cama que apenas tocaba, era mejor el suelo que su compañía y aunque le doliera sabía que nunca podría dejarle, era demasiado duro para ella, volver a empezar, pero ¿Qué haría? el valor no era su fuerte, pero y su vida ¿la amaba tan poco que seguiría allí? No debía, no era lo mejor.
Sufría, en silencio, nadie lo sabía, se hundía como un barco con miles de brechas imposibles de cerrar, y poco a poco el cascote se iba inundando, un golpe definitivo y se acabaría todo. Y no quería que llegara ese momento.
Entre sueños y dudas ella seguía allí de pie. En la cocina. En la esclavitud que él le había regalado, unos cuantos platos sucios y miedo, mucho miedo.
Levantó la mirada e hizo un amago de ir hacia el comedor y explicarle que lo que había hecho no estaba bien, que lo que debía hacer era controlar aquel mal genio. Sin embargo, se quedó paralizada cuando le vio venir hacia ella. Él no dijo otra cosa que ¿no está la cena? Y la miró asombrado por que ella estaba encogida en la puerta, llena de miedo, con la cabeza metida entre sus brazos, asustada, tan asustada que temblaba como una niña pequeña delante del animal más feroz.
Levantó la mirada y clavó sus ojos negros en él. Intentó decirle algo, como tantas otras veces que se quedaba en la cama con los ojos cerrados pero con el corazón dolido. Sin embargo volvió a agachar la cabeza y una vez más las palabras se quedaban danzando en el paladar, como si fuera la mecedora que el aire mueve con su furia.
Él, con su mirada inmóvil y aquél andar sacado de las películas del oeste, no dijo nada más y salió fuera, sin mirar siquiera a las tres caras entristecidas que observaban cada uno de los movimientos que hacía él, su padre, a veces un extraño y a veces nadie.
Salió hacia fuera con la extraña sensación de que entre aquellas cuatro paredes había dejado algo más que una mujer acongojada, había dejado también tres partes de su ser que no conocía, para ellos nada.
Cristina y Nerea continuaban en la puerta de la habitación, quietas, casi como estatuas, pilares de aquella casa que se caía con cada golpe de viento, testigos silenciosos de la muerte en vida, miradores de un futuro truncado. No sabían que hacer ni como actuar, la película en que debutaban había sobrepasado los límites de su realidad. Nunca decían nada, solo veían y callaban, solo viajaban con la mente. Observaron al niño pequeño que miraba hacia el final del pasillo con los ojitos brillantes y tristes. No sabía por que lloraba su mama, no comprendía lo que pasaba en aquella casa.
La puerta se cerró tras él y sin embargo en la casa no había más que silencio. Ella tenía miedo a que la vida dejara su nombre entre aquellas cuatro paredes, a que solo fuera un número más de aquella maldita cifra que aumentaba. No, ella no quería ser eso, ella no quería ser la protagonista de canciones que desgarran el corazón de quien las escucha, ella no quería ser una noticia, ella quería vivir.
Se levantó del suelo, se secó las lágrimas y observó las heridas que recorrían su cuerpo envejecido, mientras en su cabeza se agolpaban mil sensaciones y emociones. “Flashbacks” de un pasado que le habían robado. Miles de frases que escuchó y consejos que siguió. – él te quiere, pero ya sabes como es. -hija, ten fe, con la ayuda de Dios cambiará, pero esfuérzate en ser una buena esposa.
Las gemelas fueron a buscar a su madre, no sabían como la iban a encontrar, no sabían que debían decirle a aquella mujer que lloraba lágrimas de cristal en cada amanecer cuando despertaba en aquel sofá duro y mugriento, cuando veía a aquella pareja que sonreía feliz en las fotos… y quince años habían pasado.
Las niñas llevaban al pequeño Miguel entre sus brazos y fueron pasillo adelante sin que nada las separara de su objetivo: vivir
Como si fuera un aquelarre las tres mujeres se cogieron de las manos, mientras se abrazaban con fuerza. Pero no lloraron, no gritaron. No rezaron por que Dios hacía tiempo que había dejado de escuchar sus plegarias. No esperaron una ayuda que no iban a recibir, ni dejaron al destino o a Dios, una decisión que podía costarles la vida a ellas.
El pequeño estiró la falda de su madre, en sus ojos la niebla de la confusión y el brillo de la infancia.
La madre miró a las crías y las abrazó de nuevo. Sostenía una maleta vacía en sus brazos, de aquella casa no quería llevarse nada mas que la vida. Y tan solo una frase salió de sus labios –volvamos a empezar-
Salieron a la calle, todo el mundo las vio, todos vieron las lágrimas que recorrían el rostro descompuesto de aquella mujer y sin embargo nadie hizo nada, solo avisaron al hombre solitario que había al final de la barra. lloraba, maldecía, pero continuaba en aquél bar esperando la hora de la vuelta a casa.
Él las miró, pero no se dio cuenta de lo estaba pasando el alcohol se paseaban por su cuerpo haciendo de él un animal inútil, no sabía nada.
Ella se acercó a su marido y le entregó una carta, ofreciéndole la última mirada que vería nunca, la última vez que la vería a ella. Y ella subió al taxi sin esperar una mirad de él.
-con 74 mujeres muertas es suficiente para afrontar el problema, ella sobrevivirá. Dijo una voz a lo lejos.
Él abrió la carta, dentro un ADIÓS corrido por las lágrimas. Fuera, una mujer libre.
Noelia Prieto González





27.11.06 Tengo que felicitar a esta Noelia por el escrito que has colgado aquí.
Por favor que pare la violencia cruel contra las mujeres!
27.11.06 PRECIOSA FOTO, YA ME HAN DICHO QUE ES UNA PASADA.
27.11.06 que triste
27.11.06 EL PSOE EN MATERIA DE VIOLENCIA DE GÉNERO NO ESTA HACIENDO NADA. LA LEY PLANTEADA Y APROVADA ES SOLO UN PARCHE AL PROBLEMA.
27.11.06 GENIAL
27.11.06 La base de esto es la educacion, ni se puede pegar a las mujeres ni ellas se pueden aprovechar de "su ley" para denunciar aunque no sea cierto y muchas ya lo han hecho.
27.11.06 mientras en este país ser FEMINISTA sea sinónimo de BUENO y ser MACHISTA sea sinónimo de MALO, seguiremos en estado de desigualdad, es un hecho
27.11.06 ZP prometió terminar con esto
27.11.06 Les Planes, soy consciente de que la doctrina de tu partido te motiva para deleitarnos diariamente con tus "profundas" reflexiones, sin embargo, te ruego que no utilices la lucha contra la violencia de género con fines partidistas. !Éste tema al igual que el terrorismo es un tema lo suficientemente serio como para tratarlo de forma responsable!
Os recomiendo visitar la exposición de la JSC Baix Llobregat porque es muy interesante. Un trabajo bien hecho.
STOP VIOLENCIA DE GÉNERO
27.11.06 Bravo, Noelia.
27.11.06 cristian rastrojo hijo de ****!
27.11.06 Estoy orgullosa de haber participado en este proyecto. Y este es solo el principio. Un beso Noelia.
27.11.06 Correcto, con cuatro letras!
Cristian Rastrojo hijo de Loli que es como se llama mi santa madre.
Gracias!
27.11.06 Felicidades Noelia, lloro ahora leyendolo, si hubiera llegado habria acabado fatal!!
Gracias chicos, todos!
28.11.06 Quiero dar las gracias a todos los que han partcipado de este proyecto. Especialmente a Paqui por poner la pasta y su fe. Y a Noelia por poner su voz.
Stop VIOLENCIA DE GÉNERO
28.11.06 precioso texto, felicidades.
6.12.06 Impresionante la exposición. Felicidades, estás hecho un artista.
23.1.07 Sin palabrfas y emocionada, asi me he quadado.
Felicidades a la autora y a ti, por tu enorme sensibilidad con este terrible tema.
Petonets.
14.2.07 que quien ha puesto la pasta?
seremos todos con nuestros impuestos, no?
tio corrige la errata que no es justo
22.2.07 creo que el cuento por desgracia no es un cuento sino la cruda realidad, pero yo me quedo con la ultima frase" dentro un adios corrido por las lagrimas,fuera una mujer libre" mi esperanza es que este final pueda ser el de muchas mujeres que se encuentran en la misma situacion que la protagonista del cuento.
animo noelia y jsc