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Thursday, July 12, 2007

TERRORISMO DE GÉNERO (ARRIBA LAS MUJERES)

Sabiéndome un ser humano de pleno derecho. Hoy no voy a ponerme ropa de mujer, para poder sentir como ellas. Hoy voy a calzarme sus zapatos sin que nadie me lo diga, sin pedir permiso.
Yo, que he sufrido malos tratos por parte de una pareja “enterrada” donde solo se puede enterrar a los que humillan y se aprovechan de este sentimiento irracional, llamado amor. Lo he enterrado en el olvido desde que sus golpes más habituales de lo común, me partieron hasta el alma. La violencia que ejercen hombres sobre otros hombres, la violencia que ejercen mujeres contra hombres o cualquier otro tipo de violencia, es diferente aunque igual de devastadora. La violencia siempre es devastadora e infame. Pero, la denominada como “violencia de género” es una voz silenciada, un cúmulo de moratones en el alma y un constante desgaste del corazón y de la autoestima. Esta violencia se puede definir como “diferente” puesto que viene ejercida por fuertes patrones patriarcales, que todos y todas debemos empezar a romper de verdad.

Hay mujeres que sufren la devastación del machismo irracional, por ellas nació HECHOS COTIDIANOS, una secuencia de imágenes que intenta ofrecer diferentes actitudes de victimas y verdugos.

Por ellas este video, titulado “lo siento mi amor”. Lo siento, justo antes de decir adiós por siempre a la condena y poder así empezar desde cero una nueva vida.

NO A LOS MACHISTAS! NO AL TERRORISMO DE GÉNERO!

Dedicado especialmente a, Paqui Soriano, Gisela, Tomás R., Nuria Asperilla, Montse Zamora, Alex, Eulalia, Noelia, Carmen Bastida, Raquel Querol, Sandra Ramos, Lourdes Muñoz y Cristina del Valle. Así como a todas las mujeres y hombres que ayudan y apoyan a otras mujeres para salir de la sumisión machista!

ARRIBA LAS MUJERES!!!


Wednesday, July 04, 2007

TATUAJE (a mover los chochetes)

Un sonrisa mellada, pero aún así la más bonita de todas. Unos ojos que prestan atención a cualquier movimiento en la habitación. Unos oídos bajo el edredón que escuchan el ruido de la lluvia caer afuera. Unas manos que sujetan los manojos de palabras que se van con el viento. Una flor encendida en el cenicero de la decepción. Y en el jarrón ya no hay nada, ya no hay flores. Una verdad que no tiene más ganas de dormir adentro. Y el silencio explota como una granada.
Y a las tormentas decirles adiós. Y a las penas sonreírles con frescura.

Y en el alijo de coca del monedero imitación guarda la llave de la libertad. El parlamento europeo olvidó votar su enmienda a la totalidad. Supresión al artículo que habla de sus derechos. Sus dedos rozaron su cara y después su entrepierna. Es de día, pero en su mundo siempre es de noche. Tras cada día solo hay días de bajón. La resaca es su amiga y nuca hay tiempo para pensar en ella misma. Mientras la guardia nacional declaraba el toque de queda en ciudad Juárez, un torero cortaba dos orejas en una plaza de Madrid, los antidisturbios reprimían a manadas de manifestantes venidos de todas partes y ella en su cama, lloraba desconsolada.

Y ya no le apetecía quedarse quieta. Y ella quería bailar. A mover los chochetes por todos aquellos que se habían aprovechado de ella.

Un ron con cola en la mesita de noche le daba los buenos días, su boca era un embudo por donde tragar cada promesa hecha por sus clientes preferidos. Nada en su casa era más de lo que ella será algún día. Nadie dijo que fuera fácil ser una princesa. Reina de su casa y de todos los antros de mala muerte donde los infieles van a sentirse mejor. Se encendió un canuto y encendió la radio. Tras las noticias de la revuelta en (no sé yo) la Universidad, sonó aquella canción. Su melodía preferida. Se calzó sus zapatos azules y sintió que ya el mundo le importaba menos que nada.

A mover los cochetes que debe ser delito quedarse parada.

No hay nadie quien le diga donde irá a parar. Donde amanecerá mañana.
Nadie que le diga donde está la estrella polar,
No hay nadie que le diga cuento vale amar,
¿Que precio tiene respirar?,

No hay nadie que le diga donde están los barcos que navegan por su vientre y en la caja fuerte de su ombligo ya no hay deudas pendientes.

Y ahora sola quiere estar.

Tremenda mulata sin papeles, pero aún así la más legal de todas las señoras. Dos piernas, las más largas del planeta que han recorrido ya medio mundo con visado de turista preferente. Unas cejas sensuales perfectamente depiladas y unos ojos que miran la coordenada exacta de la puerta cerrada. Se vistió con aquellos pantalones minúsculos y una camiseta cualquiera, y salió a la calle. Más guapa que nuca, más bella que nunca, más espabilada que nunca. Pensó que no merecía la pena quedarse en aquella cama ahogando penas y suspirando, más valía no pensar en nada y salir afuera.

Pensó: a mover el chochete que para algo lo tengo entre las piernas. Hoy se haría respetar mas que nunca, miraría sin miedo hacía delante sin importarle nada más que ella misma. Había comprendido que el respeto nacía en el interior y se iba haciendo grande hacia fuera. El respeto salpica como el barro, aunque haya gente que solo regale mierda.

A mover el chochete no era desmerecerse, era un grito de guerra. Contra todos aquellos hombres que le habían pegado, humillado o simplemente desmerecido. Ella lo valía, y ella ahora lo notaba. Aquellos machistas no volverían a condenarla a sentirse por debajo, inferior... sino muy alto y no por los centímetros de sus zapatos de aguja, sino porque ella en el corazón notaba que ahora era más fuerte, que ahora podía volar.

Abrió la puerta de aquel establecimiento y se dirigió al dependiente. Un chico joven cargado de pircings y tatuajes. Le encargó algo. Media hora después ya lucia su nuevo tatuaje. Un lema que decía en letras perfectamente dibujadas “a mover los chochetes”. Ella más que nadie sabía que para que las cosas cambien hay que moverse, que las cosas que cuestan se superan moviéndose... así que aquello no era más que una nota recordatorio de que jamás podía volverse a quedar quieta.

A mover el chochete es una expresión utilizada por la niñas en su canción DIME A MI.

Dedicado a todas las mujeres que lo mueven a diario y tiran pa’lante sin cadenas que las retengan.

ARRIBA LAS MUJERES!

Friday, May 11, 2007

Asyagüe (my life, my tv)

Esta historia está basada en hechos reales.

Asyagüe escuchó por vez primera aquella canción. Le ayudaba a dejar atrás lo más terrible, le ayudaba a oír una voz en su interior. Sabía bien, que de haberse quedado allí hubiese muerto. Por la ventanilla de aquel destartalado autobús solo veía un paisaje desconocido y un infinito número de palomas. Con la mano trató de tocarlas pero solo consiguió toparse con el cristal cerrado.

Asyagüe había sufrido desde muy pequeña. Había cuidado con mimo y devoción a sus catorce hermanos, ella solo había recibido insultos y abusos. Llevaba años escondida bajo aquel haraposo manto que ni la dejaba respirar en paz. Al menos no ofrecía la pena clavada en su joven rostro como carta de presentación. Su sueño estaba cada vez más próximo. Cruzar la frontera y ver atardecer en algún otro país.

En su equipaje solo llevaba una cultura incomprensible y cruel con las mujeres, y alguna que otra anotación en un cuaderno regalado por su madre cuando ella solo contaba con dieciséis años. Ahora con veintiún años, quería aprender a leer, seguir interesantes debates en televisión y recibir su primer beso. Soñaba con enfilarse a zapatos de tacón de aguja, como se enfilaba de niña a los árboles de Kabul. Soñaba con maquillar su preciosa cara.

Por un instante se imaginó tumbada entre flores, se contempló con la felicidad que deja haber experimentado el pecado carnal más perverso y placentero. Se imaginaba envuelta en besos y caricias, entre ojos que la observaban con autentico sentimiento. Se imaginó feliz, rodeada por unos brazos fuertes. Se imaginó sin cadenas.

Asyagüe cerró los ojos con el propósito de permanecer despierta pero con la intención... quizás de evadirse de aquella que continuaba siendo su realidad. El viaje empezaba a hacerse largo, casi interminable. De repente la televisión de aquel autobús se encendió. A pesar de las interferencias normales por tratarse de un aparato antiguo, Asyagüe se pudo contemplar en aquel transistor.

Estaba disfrutando de una vida nueva. El corazón había acelerado su ritmo hasta el punto de notarse casi asfixiada y sin aire. Se vio moviéndose como las olas del mar con unos preciosos zapatos de tacón. Sin reprimir sus jadeos no podía parar de mirar fijamente a aquel desconocido que le había devuelto la sonrisa. Se inquietaba por el deseo de recibir otro beso, no soltaba sus brazos, tan solo de vez en cuando para tocarse la cara y seguir sintiéndose viva. Disfrutaba de aquel sentimiento nuevo, desconocido hasta entonces. Perdía la razón, pero quizás nunca la hizo servir. Quizás por ello no había huido antes de aquella condenada y de aquella puta vida que le había hecho estar expuesta a un mundo raro, a un mundo que detestaba a pesar de no conocer otro mejor. Se abrió de piernas, no le importó. Su corazón ya no recordaba, se quedó sin memoria en el borde de una boca extraña. Moldeó su cuerpo con sus manos, se bañó en la esencia de una leche amarga y dulce. Sin reprimir el sentirse cómoda, fue dejando atrás el infierno.


Volvió a mirarse en el cristal de la ventana del autobús, en el reflejo solo había una mujer feliz.


>>A HAKIMA, por todo lo que me has dado desde el lejano desierto y que con esmero has traído hasta mi vida. A HAKIMA, por enseñarme que todos somos únicos y a la vez imprescindibles... un regalo al mundo.

Wednesday, July 19, 2006

La Vida Dona

En su día a día, en el olor de su piel, en la ternura de sus manos, en el acto más cotidiano y delicado de estar a solas “mimándose” en el cuarto de baño, todo se convertía en un romántico acto de amor propio. Un amor cultivado durante años a base de golpes y gritos propinados con rabia por su verdugo, su carcelero, su esposo.
Ahora, después de la independencia obtenida con sacrificio y lucha, le había declarado la guerra al sexo opuesto. Había puesto fin a la sumisión de años, se había quitado el polvo. Ahora se sentía gigante, sin miedos e inmensamente llena de una constante sensación de felicidad, se reconocía como lo que es: una mujer.
Ahora, se sentía deseada por todos los hombres, vigilada a la hora de la compra por ojos viciosos, penetrada por deseos ajenos desde la entrepierna hasta lo más profundo de su pecho. Esa constante era todo lo que necesitaba, se había convertido así misma, se había transformado. Esa transformación había llegado justo después de tocar el techo del dolor. Los portazos aún retumbaban en su cabeza en días de lluvia y el recuerdo de los insultos le hacía temblar las rodillas con la fuerza de un ciclón. Era feliz, aunque le costara sonreír. Últimamente recordaba más que nunca su Lisboa del alma, sus calles, su casa, su familia y a su primer novio. Con él descubrió la sensación de un beso, de un abrazo, de una caricia, del sexo. La relación acabó 875 días después de su inicio, 20.760 horas de convivencia habían condenado a que ella emprendiera su camino en singular en un avión destino Barcelona.
A su llegada a la ciudad Condal, aún con el corazón roto por la soledad había conocido a Javier. De él se enamoró perdidamente hasta el punto de perdonar cada golpe, hasta el punto extremo de confundirse bajo un mismo cuerpo, el cuerpo de él. Con él había vivido pocos momentos de alegría, quizás al principio tan solo hubieron buenos momentos, ratos de complicidad obligada y mentida. A veces el ser humano se miente ante la realidad, a veces preferimos no ver lo que tenemos delante con la idea absurda de retrasar enfrentarnos a ella.
Ahora se miraba ante el espejo casi sin reconocerse, como quién está ante un cuadro en una galería de arte e intenta ver en cada trazo abstracto un guiño de complicidad entre el autor y el entusiasmado visitante. Ahora había puesto color en sus ojos, sonrisas a sus días tristes, un sol a su colchón y una ráfaga de luz a su libertad. Ahora disfrutaba de cada centímetro de su cuerpo, de cada momento de soledad deseada después del sufrimiento, de cada minuto con ella misma.
Ahora, había llegado a la conclusión de que lo que había deseado toda la vida era justo vivir en este momento concreto, sin agotar sus fuerzas, sin agotar el aire, administrando todo sus sueños por cumplir en una caja de terciopelo rojo. Rojo como sus besos, rojo como su sangre, rojo como el deseo de estar solo con ella.
Ahora, es pasado. Pero tanto en su pasado como en sus días futuros, había encontrado la fórmula perfecta: era una mujer libre e independiente. Ese estado le gustaba, disfrutaba con él más que con ningún otro... a veces el ser humano también se enamora de la soledad.
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A Topo y Eva, con todo mi cariño.