Los amantes soplaban pedacitos de papel desde el poyete de la ventana. Los cuerpos infieles volvían a su lado de la cama. Unos labios daban los buenos días, sin recordar que todo era una gran mentira. Entre la paciencia y la prisa avanzaban los madrugadores hombres de bien. Nadie hablaba, todo era quietud. Un inocente pago todos los platos rotos del escenario del crimen perfecto. Se consumían los primeros rayos de sol. Sonrisas desencantadas, mandíbulas desencajadas y colmillos afilados.
El lobo seguía a Caperucita. Pulgarcito se hacía el fuerte y soñaba con que se hacia gigante. Un guisante se escapaba de la salten, mientras mis manos quebraban un huevo contra el mármol.
Un fuerte olor a cenizas inundaba las calles. Unos zapatos de tacón cruzaban la plaza hacía el portal del hostal. Un chulo pegaba a su puta mientras los grillos anunciaban su despedida.
La gente perdía su voz, se sentían solos.
Un fuerte olor a cenizas inundaba las calles. Unos zapatos de tacón cruzaban la plaza hacía el portal del hostal. Un chulo pegaba a su puta mientras los grillos anunciaban su despedida.
La gente perdía su voz, se sentían solos.
Los niños bajaban al parque sin césped, el cemento lo cubría todo. Bajo los pies de las madres solo frío. Los andenes del metro eran invadidos por perros, y el sudor cubrió de repente mi cuerpo desnudo frente al espejo.
El dulce azúcar se tornaba amargo en el paladar de una anciana olvidada en un asilo.
Unos oídos chismosos te oyeron llegar, con ellos el bullicio llenó mi calle. La ciudad salió a saludarte. Tan solo verte llegar sabía que me mentirías otra vez.
El dulce azúcar se tornaba amargo en el paladar de una anciana olvidada en un asilo.
Unos oídos chismosos te oyeron llegar, con ellos el bullicio llenó mi calle. La ciudad salió a saludarte. Tan solo verte llegar sabía que me mentirías otra vez.
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“entre le amor y el olvido (odio) hay solo un paso…”
“entre le amor y el olvido (odio) hay solo un paso…”
















