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Wednesday, June 18, 2008

Entre el amor y el olvido... hay solo un paso

Los amantes soplaban pedacitos de papel desde el poyete de la ventana. Los cuerpos infieles volvían a su lado de la cama. Unos labios daban los buenos días, sin recordar que todo era una gran mentira. Entre la paciencia y la prisa avanzaban los madrugadores hombres de bien. Nadie hablaba, todo era quietud. Un inocente pago todos los platos rotos del escenario del crimen perfecto. Se consumían los primeros rayos de sol. Sonrisas desencantadas, mandíbulas desencajadas y colmillos afilados.
El lobo seguía a Caperucita. Pulgarcito se hacía el fuerte y soñaba con que se hacia gigante. Un guisante se escapaba de la salten, mientras mis manos quebraban un huevo contra el mármol.
Un fuerte olor a cenizas inundaba las calles. Unos zapatos de tacón cruzaban la plaza hacía el portal del hostal. Un chulo pegaba a su puta mientras los grillos anunciaban su despedida.
La gente perdía su voz, se sentían solos.
Los niños bajaban al parque sin césped, el cemento lo cubría todo. Bajo los pies de las madres solo frío. Los andenes del metro eran invadidos por perros, y el sudor cubrió de repente mi cuerpo desnudo frente al espejo.
El dulce azúcar se tornaba amargo en el paladar de una anciana olvidada en un asilo.
Unos oídos chismosos te oyeron llegar, con ellos el bullicio llenó mi calle. La ciudad salió a saludarte. Tan solo verte llegar sabía que me mentirías otra vez.
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“entre le amor y el olvido (odio) hay solo un paso…”

Thursday, April 24, 2008

Ya se va, pronto volverá.

Se va el tiempo que desperdicié. Se va la soledad vestida de besos. Se va la oscuridad, se va luz. Se va lo bueno, lo malo, lo que creí eterno. Se va el ruido, se va la niebla. Se van los sueños que até a su cintura. Se cierran las puertas que abrí de par en par en medio de la penumbra. Se va lo tierno, se va lo duro. Se borran sus huellas.

Se va el amor que tuve, se van los que vendrán. Ya se van, pronto volverán.

Nunca hubo tiempo, ni soledad, nunca hubo luz, ni oscuridad. No hubo malos, ni buenos, las historias nunca son eternas. Se fue la niebla, pero el ruido se quedó en mi habitación. Nunca hubo sueños, nunca hubo una cuerda atada a su cintura. Nunca hubo puertas abiertas, nunca hubo penumbra entre los dos. Lo duro nunca se hizo tierno. Nunca hubo huellas en una playa sin mar.

Se va el amor que tuve, se van los amores que aún están por venir. Ya se van, pronto volverán.

Siempre quedará el tiempo, siempre la soledad volverá desnuda. Siempre habrán besos sin dar perdidos en la oscuridad. Siempre lo malo pesa más. Siempre quedará silencio donde hubo ruido. Siempre habrá sueños que nadie se atreva a soñar. Siempre habrán puertas cerradas sonde otra se abrirá. Siempre habrá ternura en brazos fuertes. Siempre habrá huellas sobre nuestra piel.

Se va, pronto volverá. No volvieron a verse más.
Se va, pronto volverá. No hay retorno a un mismo lugar.
Se va, pronto volverá. No hay eternidad.
Se va el amor… ya se va. Otro amor pronto volverá.

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A Susana, mi hermana.

Monday, March 31, 2008

... que se borren las noches y se esfumen los días (Si un día)

Si un día el silencio te vuelve a hablar de mi. Si un día los pedazos de mi cuerpo se vuelven a unir. Si un día tu desprecio se marcha lejos. Si un día el odio se come mis huesos como las termitas se comen las vigas del techo. Si un día recoges tus cosas y decides irte de viaje. Si un día te tragas los clavos con los que me clavaste. Si un día todas las preguntas tienen respuesta. Si un día envejeces de golpe. Si un día se limpia el cielo de tanta mierda. Si un día el aire deja de ser tóxico. Si un día el viento me vuelve a nombrar entre su murmullo. Si un día te cansas de ir partiendo corazones por ahí. Si un día te aburres de esperar. Si un día tu indiferencia me hace fuerte. Si un día cierro todas las puertas y todas las ventanas. Si un día te encierro en mi recuerdo y tiro la llave. Si un día subo todas las persianas. Si un día logras mirarme a la cara. Si un día en tu oscuridad el sol vuelve a brillar. Si un día tus pecados dejan de doler. Si un día tu infierno deja de arder. Si un día mientes hasta en tus sueños. Si un día dejases de hablar por hablar y trataras de escuchar. Si un día dejas de meter tus dedos en las yagas de los demás. Si un día dejas de remover el arroz. Si un día te tragas dobladas las mentiras de alguien a quién amas. Si un día la guerra se come tu paz. Si un día se borran tus caricias que duelen tanto. Si un día despiertas a mi lado y compruebas que yo ya no estoy. Si un día tu voz se confunde con la lluvia al caer. Si un día tus besos se despistan y se olvidan de la boca donde han de ir a morir. Si un día te miras en el espejo y no te ves. Si un día tu sombra anda por delante de ti. Si un día tus labios sonríen sin querer. Si un día se calla la vida. Si un día sales desnudo a la calle y nadie te mira. Si un día te saco de mí. Si un día los locos dejan de gritar. Si un día la indiferencia habla de libertad. Si un día tu casa se cubre de arena del desierto. Si un día la ciudad se queda a oscuras. Si un día tu mar se llena de cementerios. Si un día soplas sobre la esperanza. Si un día matas con saña lo que yo signifiqué. Si un día tienes todo que perder. Si un día se borran las noches y se esfuman los días. Si un día dejarme de amar no es imposible. Si un día seguir queriéndote vale la pena y odiarte no.

Este texto lo escribí hace años, nunca tuvo significado. Ahora lo he recuperado de un cuaderno viejo. Si atinan a leerlo un par de veces encontraran un millón de palabras encerradas entre líneas, silenciosas y responsables que dan a este texto el significado propio que uno le quiera dar.
Si un día se detienen y logran oír lo que aquella mano nos dijo al tocar nuestro alma, verán como por encima del dolor hay momentos que merecieron la pena vivir.

A Raquel y a los "marikitas" Tom, Fernandú, Manolo y Jesusito de mi vida!.

Thursday, March 06, 2008

MUDO

Todo se queda mudo alguna vez, lo que se siente, lo que se calla. Empecemos a gritar al mundo entero.
A mi hermana.
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Muda la vida se quedó. Mudos los portazos. Enmudeció hasta el cielo. Se callaron los besos. Quedaron silenciados los recuerdos. Mudas las explicaciones. Mudas las reconciliaciones. Mudas mis manos que ya no te acarician. Mudo mi alma que antes hablaba. Mudas las palabras que a mi lengua se enredaban. Muda la calma. Muda la felicidad. Enmudecieron los días. Enmudecieron los segundos. Mudos los relojes. Se callaron de golpe las ganas de hacer el amor. Se apagaron los besos por no tener nada que decir. Mudo el sol. Enmudeció el universo. Muda la lluvia. Mudas las sábanas. Mudos los momentos. Mudas las ganas de buscarte. Mudas las sonrisas de encontrarte bajo mi jersey. Se callaron los teléfonos. Enmudeció mi voz. Enmudeció tu voz. Mudos los gritos, nos cansamos de gritar. Se callaron las promesas. Se silenciaron los silencios. Se quedaron mudos los ruidos en la casa. Mudas las ternuras. Mudos los perros de la calle. Mudas las habladurías de la gente. Muda mi cintura. Mudo se quedó el mundo inmenso. Mudos los rincones vacíos de mi cama. Mudo el pasado. Muda nuestra historia. Mudos los planes de futuro. Mudo lo común. Mudo lo plural. Mudos nosotros dos. Se callaron los pensamientos. Enmudeció mi dependencia. Mantuvo silencio mi libertad. Muda la pena. Silenciados los pedazos rotos de un corazón. Se apagaron las luces. Dejaron de hablar las vírgenes. Mudos los diablos. Muda la cortesía. Mudos los tobillos. Mudas las putas de mis amigas. Enmudecieron los libros. Enmudecieron los canales de noticias. Enmudecieron los titulares de la prensa. Mantuvo silencio mi cordura. Muda mi piel. Mudo, mudo, mudo… mi vida se callo. Ya no hay nada. ya no estás. Mudo, mudo, mudo… silencio absoluto.

Friday, February 22, 2008

19:06 p.m

Te marchaste, cerraste la puerta. Después vino a visitarme un ruido ensordecedor, tan ruidoso como doloroso, tan doloroso como el dolor que uno recuerda toda la vida, como todo el dolor destinado a ser sufrido en una vida entera. El viento cerró las puertas de tu boca, se llevó todo lo bonito y solo dejó los restos de algo que no pudo ser.
Mi piel se empezó a rajar, como se rajaba cada foto, cada promesa, cada beso. Los instantes empezaron a hacerse eternos, empezaron a hacerse fríos. Empezaron a arrugarse las hojas de todos los calendarios, empezaron encoger las paredes haciendo de mi habitación un lugar casi irrespirable.
La distancia me prometió que algún día conseguiría olvidarte, pero me mintió. Los recuerdos empezaron a insultarme, a gritarme. Los sueños que tuve contigo empezaron a envejecer, a difuminarse con el aire, a evaporarse entre las paredes del rincón del planeta donde me rompiste el corazón, donde me dejaste de por vida, para siempre. Condenado a pensar en ti, a volverme en lo que soy ahora, a convertirme en el peor bicho del mundo, en el más cabrón. Dejé de comer, dejé de beber, dejé de respirar, dejé de sonreír.
A pesar del sol que brillaba a diario, yo solo atinaba a ver tormentas. Tormentas de palabras. Tormentas de tormentos. Tormentas de momentos vacíos de ti, y llenos de charcos por donde navegué en barcos de papel. En papeles donde escribí un futuro, ahora pasado y que jamás volverá. Me miré en el espejo del pasillo, el mismo que antes nos contemplaba, me vi agotado, vencido, me vi solo. Y en la soledad me perdí hasta llegar a aquel lugar, a aquel lugar que un día conocí contigo. Tu ya no estabas así que me despedí de la certeza de saber que una vez más había perdido.
Llegó el paso del tiempo y con él, llegó la locura, la locura que me volvió loco, que me destrozó a cada golpe perverso. Me marqué la piel con un rotulador, escribí tu nombre al lado del mío. Bajo mi pantalón, bajo mi camiseta escribí también tu dirección, tu teléfono. Arrasé de un soplido los recuerdos, para tratar de ser fuerte. Me volví tan loco que empecé a verte en todos los lugares, te escuchaba llegar del trabajo, te sentía a mi lado en la cama, en el sofá. Me puse tu ropa, me calcé tus zapatos pero no lograba dar ni un solo paso sin tropezarme con tus sombras. Pero tu ya no estabas, tu ya no eras parte de mi. De tanta locura, me emborraché. Al estar tan perdido y tan borracho no lograba concentrarme en nada más que en ti. Tú a cada segundo, en todos los lugares, en todos los momentos. Tú en mi locura, en mi paz, tras las puertas, en las ventanas cerradas, en las persianas bajadas, en mi cuerpo, en mis ojos, en las noches. Mis días empezaban a cansarme, a hacerse crueles, ingratos, insatisfechos. Tú tras la pared, tras mi espalda, tras los sueños quebrados, en el ascensor, en las puertas cerradas al olvido que trata de no olvidarte, de atormentarme, de volverme cada vez más loco.
Mis dedos empezaban a arrugarse, por no hallarte, por no encontrarte. Mis ojos empezaron a cegar, mis oídos dejaron de escuchar. Me tocaba en el lavabo intentando emular cuando tu penetrabas mi cuerpo. Pero mi cuerpo estaba también vacío. Excusé tus retrasos, tus plantones. Me negué a creer que tu no estabas, que te habías ido para siempre. Que no volverías ni aunque me vieras morir. Mis labios empezaron a enmudecer, por no nombrarte. Mi piel empezó a arrancarse a desprenderse de mi alma. Mi alma apuntó en su cuaderno rojo una hora, una cifra exacta que me recuerda aún hoy la maldita hora en que te marchaste para siempre. Preparé mi funeral de un día para otro, creí morir... pero mírame sigo aquí, sigo vivo.
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A todos los que decidieron anularse, un día cualquiera, a una hora exacta.